
El aire limpio que se cuela por las ventanas no consigue borrar el rastro de humo, de ruido, quizá incluso de alguna copa derramada, sobre la camisa colgada de una silla.
El sol claro que se cuela por las ventanas no consigue borrar el rastro de cierta oscuridad fingida por acontecimientos más imaginados que reales, en los que, al levantarse, el chico se pierde de manera absurda.
Nota que la casa sigue hablándole, que le sigue preguntando cosas que él no puede responder. Percibe, en el frutero abandonado una pena real; descubre, en el sabor del agua un sabor nuevo, más amargo.
Encuentra, bajo la cama, figuras de animales cosidos con piel.
Mientras, toda la ropa de los últimos viajes aún tirada por los sofás. Y el cristal de una de las gafas, que andará por una de esas calles, o ya habrá sido destrozado por el neumático de algún coche.
Mientras piensa en todo eso, recuerda los versos, que le vienen a la cabeza de manera automática. Y que desencadenan, a su vez, una serie de recuerdos no demasiado dolorosos ni demasiado alegres.
Recuerdos de cosas que no han pasado. ¿Cómo se llaman esas cosas? ¿Existe una palabra para los recuerdos de algo que pensabas que iba a pasar? Si no existe, la Real Academia o lo que sea, debería ponerse a ello.
A los versos, les sigue una melodía triste, un piano, una voz que es casi la voz de alguien de su familia. Como si fuera la voz de su padre o de algún tío despistado.
"My life is changing in some many ways"
Hoy no hay mucho más que contar. El personaje de la historia descansa sobre uno de los sofás. Ha tirado la ropa al suelo y está pensando en ordenarlo todo. La persona real que lo inspira no sabemos bien dónde anda.