sábado 6 de junio de 2009

EL SEGUNDO ANILLO DEL ARCO IRIS



Pasea por una ciudad grande, llena de gente, bajo una fina lluvia que tiene algo de purificadora pero que no logra purificar nada en absoluto.

Sobre los edificios más altos (no, no son los más altos; los más altos son terrofícos rascacielos que están más lejos, cerca del horrible estadio de fútbol y que siempre le han dado miedo) sobresale el marco claro, bien definido, de un arco iris perfecto. Incluso puede ver otro anillo, por encima de ese, formando, en realidad, dos arco iris.

La gente hace fotografías con sus móviles de manera compulsiva, casi exhibicionista. Todo el mundo mirando al cielo como si se hubiera posado un platillo volante. "Mira, el arco iris", dicen.

Qué ingenuos. Es sólo un arco iris. Bueno, dos en realidad.

Pasea por una ciudad grande y una canción viene a su cabeza. En realidad la canción "viene" a su cabeza de manera literal: suena en el iPod.

La letra es un poco tonta, quizá. El ritmo, el estribillo, la bonita voz y las guitarras están muy bien. También están bien los recuerdos que traen. Aunque, yendo un poco lejos, se pueden hablar de más cosas: de gente que se deja querer y gente que no. De gente que se acaricia el pelo y la piel fina de los brazos.

De la bondad desinteresada de un abrazo y otras bondades.

Aunque, al final, se acaba cayendo en una tristeza irremediable que esconde (o no) algo de literatura. Como toda tristeza.

En los tres minutos y cuarenta segundos de la canción, termina de recorrer la enorme plaza del centro de la ciudad con estos pensamientos desordenados. Y, justo antes de que la canción acabe, levanta la cabeza y se fija en ese segundo anillo de colores menos definido que el primero. Ahí está la clave.

Como esa indefinición entre alegre y triste de ciertas canciones.

Esa es la clave claramente.