
Tuvo que venir un tipo, de tupé pronunciado, camisa abierta, sexualidad atormentada y ramo de flores, para hablarnos de los complejos.
Él, que en el fondo se sentía (se sabía) hermoso...
Uno se siente joven (o directamente estúpido) cuando habla, piensa, sobre algo tan banal, tan aburrido y terrible como los complejos. O su forma en la tierra: la fealdad.
La belleza, en contra de la empírica fealdad, es algo esquivo, intangible y, por tanto, creo, bastante irreal.
Incluso a pesar de aquella gilipollez de Thomas Mann que decía... ¿cómo era? "la belleza el único bien espiritual que se puede aprehender con los sentidos"...
Tontería propia de escritor
El caso es que en este debate tonto, llegó un tipo de Manchester.
Un tipo que empezó a escribir y escribir canciones sobre gente a la que había que mirar dos veces para recordar, sobre infelices incapaces de conseguir un curro porque se venían abajo en cuanto los miraban.
Llegó Morrissey y armó su obra sobre esa cosa tan genial de los complejos. O como ser un ególatra desde el desprecio. O como no mirarse nunca a un espejo para, precisamente, analizarse, cuestionarse, mirarse todo el rato.
De nuevo el problema de la identidad y el ego. ¿Qué es más egolatra? ¿Mirarse, estudiarse frente al espejo o no querer mirarse nunca porque uno se piensa, se analiza, se cuestiona en cada cosa que hace?
En esta cosa de los complejos, la belleza y la fealdad, salta "Novemeber Spawnded A Monster", en la que Morrissey habla sobre una pobre criatura despreciada; alguien que, dice la canción, nunca recibirá un beso de verdad. Me gusta, atentos, esa cosa mentirosa de los gritos de la criatura horrible que podemos oír en el centro dramático de la canción.
Convertida en una comedia imposible, con Morrissey haciendo posturitas y ejerciendo de guapo, la belleza, la fealdad y los complejos empiezan a ser, en sí, todo, una gran, absurda broma.
El propio Moz, muchos años más tarde, refinó la propuesta sobre toda esta tontería con aquellos versos tan cínicos:
"close your eyes / and think of someone you phisically admire / and let me kiss you, oh / let me kiss you (...) "but then you open your eyes / and you see someone that you physically despise / but my heart is open / my heart is open to you"
Morrissey ha hablado mucho sobre besos. Casi siempre con un distanciamiento marciano y terrible que lo hace más inquietante. Y como la idealización última del deseo. Más allá, creo, que la entrega sexual.
Para él, para muchos acomplejados, los besos son un triunfo, una victoria. Son un himno. Y ahí termina, con suerte, todo.
Estas son dos canciones sobre la fealdad.
Obra de uno de los pocos que se han atrevido a infectar el pop (forma última de lo frívolo) de lo feo. O como decía Eugenio Trías en uno de los más recurrentes e ingeniosos eufemismos que uno puede recordar: lo siniestro.